Vida imperial en la ciudad esmeralda

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Tras la ocupación de Bagdad por el ejército americano y sus infaustos aliados, el alto mando estadounidense organizó la Zona Verde en las orillas del Tigris, una franja de seguridad donde se instalaron los organismos oficiales y las representaciones diplomáticas que debían atender a un país sumido en el caos absoluto.

Poco a poco fueron desembarcando en ella los nuevos gestores, en general reclutas veinteañeros sin ninguna información de lo que era el mundo ni sobre la existencia de otras culturas. Con ellos desembarcaron las contratas privadas que habían conseguido de la administración de Bush un pedazo del pastel, con la poderosa Halliburton a la cabeza.

Rajiv Chandrasekaran, periodista, redactor jefe adjunto del Washington Post, relata la vida en la Zona Verde donde los nuevos gestores neoconservadores vivían apartados de la realidad, instalados en un paraíso de franquicias de comida rápida, de fiestas alcohólicas en los jardines de los que fueran palacios de Sadam Hussein que terminaban con zambullidas de malotes en las piscinas.

Acunados por el zumbido de los equipos de aire acondicionado que refrigeraban sus oficinas, comenzó la reconstrucción de una ciudad sin agua potable ni electricidad. No intentaron siquiera la consolidación de una sociedad civil destruida. En nombre de los valores democráticos, Paul Bremer y su equipo se comportaron como los sátrapas de un estado de opereta, se extendió la corrupción y comenzó un programa de privatización masivo que solo benefició a los ocupantes y a sus multinacionales. Un despropósito que Chandrasekaram reconstruye a partir de entrevistas y del acceso a documentos internos y cuenta como auténticos tarugos elaboraban leyes para evitar el tabaquismo, para proteger los diseños de los microchips o buscaban un nuevo emplazamiento para la bolsa, mientras en el país que les rodeaba, la gente se agolpaba en los hospitales, desabastecidos de medicinas y eran utilizados como taxis los coches robados del cuerpo de policía. Mientras las bombas estallaban por todas partes menos donde hubieran debido de hacerlo, que era debajo de sus narices.

Este es el testimonio atroz de una rapiña y también de uno de los mayores errores estratégicos de la historia.

El libro peca de ser excesivamente periodístico, prima los datos, las siglas, los departamentos y los cargos, muchos de ellos difíciles de identificar para el lector y su lectura se hace, a veces repetitiva y aburrida, pero es interesante como testimonio de primera mano para conocer lo que ocurrió en Irak después de la guerra y la ocupación.

Cada escena de vida en la zona de seguridad, la Ciudad Esmeralda, se continúa con un informe de lo que ocurría en realidad fuera de aquel mundo de fantasía.

Su publicación levantó gran polémica su publicación en los Estados Unidos.

Calificación: Interesante

Tipo de lector: Con inquietudes por la política exterior americana. Periodistas Estudiantes de periodismo.

Tipo de lectura: Ligera

¿Dónde puede leerse?: En cualquier parte.

¿Dónde encontrarlo?: Pídelo en tu librería habitual.


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