jul 19 2010

Una historia de amor y de oscuridad

Artículo escrito por: Carmen Neke


Nunca antes había leído nada de Amos Oz, y desde la primera página me cautivó su estilo narrativo, esa manera de contar la historia, mezclando el pensamiento mágico y las asociaciones de ideas más osadas con la dura realidad de la que se habla sin tapujos. El resultado es una historia preciosa, bonita de verdad, un libro para gozarlo y saborearlo con calma. Lo malos es que a este libro le sobran páginas. Al llegar a la página 550 el protagonista-narrador sigue teniendo 8 ó 9 años, los mismos que tenía al empezar la narración. Por supuesto que mientras tanto han pasado los bisabuelos y abuelos de ambos lados por la descripción minuciosa y detallada que hace Oz del físico, la personalidad, la vida y las circunstancias históricas de cada uno de los miembros de la familia, amigos, vecinos y conocidos a los que va sacando a la luz en el libro. Y todo eso lo hace de una manera magistral, amena, emotiva. Pero muchas veces se le va la mano en lo anecdótico, en los detalles de la comida, la casa, las conversaciones intrascendentes, las explicaciones al margen.

Después de pasar el siglo XIX y parte del XX en diversos lugares de Rusia y en Polonia, llegamos en el año 1947 a Jerusalén, y la Asamblea de las Naciones Unidas acaba de aprobar la constitución de los estados de Palestina e Israel. Cabe decir que a Oz le honran sus intentos de neutralidad a la hora de hablar de los conflictos entre Israel y Palestina, reconoce que hubo sufrimiento, injusticias y duras pérdidas por ambas partes… pero sus simpatías zionistas están bien claras, y es lógico que sea así. Es un narrador justo y ecuánime, pero subjetivo y partidario, lo que narra es al fin y al cabo su propia vida desde su propio punto de vista.

Las últimas 250 páginas son, con las 100 primeras, lo mejor del libro, las dedicadas a sus padres, su relación de hijo con ellos, la relación de pareja entre ellos. Y apenas podemos sospechar cuánto debió sufrir el autor al escribir esas páginas. Ni siquiera llega a contarlo todo, solo lo suficiente, y dando rodeos y volando en círculos sobre el suceso central, que es contado finalmente en las últimas dos o tres páginas. Y ahí se acaba la historia, porque después de contar eso ya no queda nada más que decir.

Es comprensible que el autor se demorara hablando de sus antepasados para retrasar el momento de ponerse a hablar de temas que le tocaban demasiado de cerca. Pero esta demora solamente alarga inútilmente la historia y hace la parte central del libro un poco pesada de leer. Lo dicho, un libro magnífico, sincero y conmovedor, y muy bien escrito. Pero al que le sobran muchas páginas.


jul 19 2010

Cartas de Adén y Harar

Artículo escrito por: Nuria A. Quintero

Dicen los que entienden de poesía que la de Arthur Rimbaud tiene un marcado tono simbolista, una feroz influencia de la obra de Baudelarie y un gran interés por la religión y la exploración del subconsciente individual. Su producción literaria la realizó entre los 16 y los 20 años, posteriormente, abandonó todo interés por la literatura y se centró en negocios y trabajos poco provechosos mientras se hundía en una espiral autodestructiva, intentando hacerse rico. Este afán le llevó a viajar e instalarse en los lugares más recónditos del mundo.

Cartas de Adén y Harar es una recopilación de las cartas que Rimbaud escribió a su madre y a su hermana mientras trabajaba o traficaba, intentado convertirse en millonario, en la antigua Abisinia y en Arabia. Unas cartas que nos muestran a una persona completamente alejada de la sensibilidad que, a través de su poesía, podemos intuir.  Rimbaud, siempre fue un burgués que abrazó las más variopintas posiciones desde las más revolucionarias a las nihilistas, en busca de algo que nunca supo definir. Su relación con Paul Verlain terminó afectando gravemente su carrera literaria si bien, fue el propio Verlain quien reivindicó la figura de Rimbaud y publicó sus poemas.

Estas cartas pertenecen a una época de su vida en la que su vocación literaria estaba totalmente aparcada. Sin embargo, pese a la frialdad y la poca voluntad comunicativa de algunas de ellas, hay que reconocer que entre esa correspondencia mantenida, puede encontrarse pasajes que destilan un total desasosiego  ante la situación de penuria económica y sequía intelectual por la que atraviesa y cuyo único objetivo es conseguir el dinero suficiente para volver a Francia, retirarse, casarse y tener un hijo. Son especialmente dramáticas las cartas que, una vez enfermo, remite a su hermana Isabel.

Aquí no hay ningún árbol, ni siquiera seco, ni una brizna de hierba, ni una parcela de tierra, ni una gota de agua dulce. Adén es un cráter de volcán extinguido y rellenado con arena del mar. No se toca, y no se ve, pues, absolutamente nada más que lava y arena que no pueden producir el más vegetal. …¡Hay que estar realmente obligado a ganarse el pan para trabajar en semejantes infiernos”.

Una vida vivida con la anticipación que lo hizo Rimbaud sólo podía tener un trágico y anticipado desenlace, como así fue.

Un fragmento de su poema Adiós ilustra, a mi parecer,  la esencia de Rimbaud:

“A veces veo en el cielo playas sin fin, cubiertas de blancas naciones jubilosas. Un gran navío de oro agita, por encima de mí, sus pabellones multicolores en las brisas de la mañana. Yo creé todas las fiestas, todos los triunfos, todos los dramas. Procuré inventar flores nuevas, astros nuevos, carnes nuevas, idiomas nuevos. Creí adquirir poderes sobrenaturales. ¡Y bien, debo sepultar mi imaginación y mis recuerdos! ¡Hermosa gloria de artista y de narrador perdida!”

El libro en cuestión viene ilustrado con una serie de fotografías realizadas por el propio Rimbaud durante sus estancias en Adén y Harán. Estampas que nos llevan a épocas pasadas y que no dejarán de recordarnos las imágenes, ciento de veces reproducidas, de Laurence de Arabia. Un genio devorado por sí mismo.

Calificación: Es lo que es, una recopilación de cartas.

Tipo de lectura: Preferiblemente para ser leída despacio pues, aunque parecen no decir gran cosa, tienen más miga de lo que parece.

Tipo de lector: Interesado en el mundo real, el vivido por los que escriben.

Engancha: No.

Argumento: Cartas de Rimbaud escritas un año antes de fallecer.

Dónde leerse: En una terraza, a media tarde, con un té helado en la mano.

Donde adquirirse: En su librería habitual.