Cuando l@s niñ@s no vienen de París

Artículo escrito por: Nuria A. Quintero

Tenemos tendencia a pensar que la cosas de la vida se suceden con naturalidad, siguiendo el impulso natural, que todo llega. Nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos.  Pues bien, estas cuatro fases no siempre se suceden de una manera natural. No, al menos dos de ellas. De hecho puede que no lleguen a producirse, me refiero a creer y reproducirse. Ya saben, no todos crecemos (algunos se quedan por el camino antes de hora ) y no todos se reproducen de forma natural. Lo único cierto es nuestro nacimiento y nuestra muerte.
Frente a la eventual  imposibilidad natural de la reproducción biológica,  las personas han buscado distintas maneras para aumentar la familia. Uno de estos caminos  es la adopción nacional o internacional. Al respecto se ha escrito mucho, sobre todo en las revistas del colorín, con motivo de las adopciones de famosos de medio pelo y de pelo entero. Pero la adopción es un mundo complejo que no se limita a pasear de la mano a un negrito etíope muy gracioso, a un rubito de ojos de acero o a una chinita con coletas. La adopción implica toda una serie de cuestiones complejísimas, de reformulación de la paternidad y la maternidad que no todo el mundo tiene claro. La adopción, es bidireccional, padres- hijos, hijos-padres, con la especialidad que  los adultos quieren y buscan esa relación y el menor, que ahí lo tenemos, no quiere ni busca nada.  Por eso, los adultos tienen que tener claro, muy claro,  hacia dónde van y lo que van a encontrar por el camino (que no van a ser rosas precisamente).

El libro de Margarita Muñiz Aguilar, que muy acertadamente tituló Cuando l@s niñ@s no vienen de París, es una guía de recursos sobre cómo afrontar la post-adopción, esta difícil etapa que llega cuando  ese niño que durante años ha estado en la mente de sus padres llega físicamente a sus hogares y pasa a ser un miembro de la familia. Unos niños que, en la mayoría de casos (todos, en realidad) traen una mochila rellena de historias de abandono en la espalda y de desconocimiento de su propio origen.

Margarita Muñiz deja muy claro que  las familias biológicas y las adoptivas comparten aspectos esenciales en cuanto a la crianza. Pero a las comunes dificultades que ambos tipos de familias tienen hay que añadirles cuestiones tan importantes como el hecho que esos menores que, como decían, tienen un pasado anterior a la aparición de sus padres adoptivos. Traen consigo una carga emocional, unos miedos y un desamparo, que no se encuentran en los hijos biológicos. Por su parte, los padres también deben enfrentarse a las expectativas creadas y a la necesidad de “ganarse el cariño” de ese niño que ya es de su familia.
Con este manual, la autora, logopeda de profesión y madre adoptante,  trata de ofrecer, desde el conocimiento de las necesidades del niño adoptado,  tanto a familias como a profesionales, un espacio de reflexión y orientación sobre diversas cuestiones que afectan a la parentalidad adoptiva. Entre ellas: “¿Qué traen nuestros hij@s en su “mochila”? ¿Cómo afecta la calidad y duración del período de institucionalización en el establecimiento de un vínculo seguro? ¿Existe la depresión post-adopción? ¿Somos una familia con un miembro de otra etnia o una familia multiétnica? ¿Cuáles son los retos y los logros de la monoparentalidad adoptiva? ¿Qué piensan nuestros hijos de la adopción? ¿Hay diferencias entre cómo se perciben a sí mismos y cómo los perciben los demás?

Un buen libro que puede ayudar en el peregrinar del complejo mundo de las adopciones internacionales que van más allá de la foto en una revista.


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