jul 6 2010

Los Pilares de la Tierra

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Ken Follett presume de conocer la fórmula magistral para escribir best sellers. Habla de ello como si se tratara de la cuadratura del círculo, como si nadie en la historia de la literatura hubiera podido acceder a un secreto guardado por las musas desde tiempos ignotos. Es verdad que se la sabe y que la aplica con gran solvencia y que se ha forrado a base de utilizar la dichosa fórmula. Si algo se le debe reconocer a este autor es que hace su trabajo como nadie.

De los best sellers que se han publicado hasta hoy, son muy pocos los que aportan algo al lector o a la literatura. Muy poquitos. En una lista de los diez mejores aparecería, sin duda, Los Pilares de la Tierra. Es el arquetipo, la piedra angular de la escritura comercial.

Presten atención porque voy a desvelar ese gran secreto al que Follett se refiere. Piensen en una historieta en la que quepan, por un lado una mujer que es muy pobre, muy atractiva, muy valiente y que esté dispuesta a ser el centro de su propio universo; un tipo bondadoso que vea como algo inaccesible a nuestra heroína (trabajador, enamorado hasta las cejas, valiente, educado y respetuoso con el mundo de la que será, finalmente su mujer, no olviden que terminan juntos); un villano malo, pero muy malo, que sea capaz de causar enormes padecimientos al resto de personajes (piensen en una muerte violenta que será causada por algún secundario torturado por el tipejo); una pizca de sexo que no será explícito (con unas gotas allí y acá será suficiente, pero que describa los rasgos más sensuales de héroe y heroína además de la brutalidad en la cama  del villano); un desastre o dos a lo largo de la trama que haga temer al lector por un final feliz (si puede usted destruir algo importante y volver a empezar puede ganarle a la novela un par de centenares de páginas que son muy cotizadas en este tipo de libros); organice un universo lo suficientemente amplio para que cualquier lector pueda identificarse con alguno de los personajes (de los buenos) y pueda reconocer los escenarios como ese lugar que siempre deseó conocer; por último, no cometa faltas de ortografía. Todo esto debe acompañarse de algo de información para que el lector crea que aprende algo. Aunque sea una gilipollez (un claro ejemplo de esto último es El código Da Vinci). Eso sí, sin que parezca usted un erudito. No hay nada peor que eso. Y voilá. A ganar dinerito.

Lean esta novela. Para la playa no está nada mal. Es de lo poco que se puede salvar de esta invasión comercial que, también, alcanzó a la literatura. Y aplica la fórmula maravillosa más que bien.

No me tomen en cuenta este desliz. Yo también tengo ratos de lectura en lugares que no permiten grandes profundidades literarias. Pero prometo no hacerlo con frecuencia.


jul 6 2010

Alicia en el Pais de las Maravillas

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Con su Alicia, Charles Lutwidge Dowson, que eligió el nombre de Lewis Carroll para disolverse en la posteridad, preludia los movimientos surrealistas.

Parece que escribió este cuento para una de sus amiguitas, una niña vecina, de nombre Alice Liddell, a la que había fotografiado, al igual que hiciera con otras compañeras suyas, con más o menos ropa encima. Nada añadiremos a esto porque no es el lugar, ni el que escribe estas líneas es juez oportuno sobre la vida de nadie, pero la de Carroll fue una huida mediante lo fantástico de la literatura de la trampa de una naturaleza inhabitual, en una sociedad rígida, sumergida –en todos los sentidos- en un clima insoportable.

La narración pasa por ser un sueño de una tarde de calor, el de una niña, el de esa niña y en ese sueño cabe toda visión y toda extravagancia. Desde su publicación, sesudos investigadores estudian si con el relato de ese sueño, su autor retrató también algo más íntimo de su subconsciente.

El cuento es trepidante y pasmoso. Todos sabemos que Alicia se cuela por un agujero en un árbol siguiendo a un conejo con chistera que habla solo, a partir de este arranque, la muchacha crecerá y menguará por el consumo de insólitas substancias; conocerá a diversos animales inteligentes como el pájaro Dodo, una oruga sabia y el gato de Chesire que además puede desaparecer paulatinamente. Jugará una partida definitiva de croquet con una reina de papel que gobierna despótica sobre un mundo de barajas. El sueño termina con un canto a la inocencia de los niños de la que al fin y al cabo, quizás, Dodgson estuviera enamorado.

Alicia en el Pais de las Maravillas es para los niños un cuento divertido e ingenioso y para los adultos un rompecabezas que nunca terminan de poder armar por la oscuridad de sus símbolos. Se ha traducido en imágenes en numerosas ocasiones y a través de ellas ha pasado al imaginario colectivo occidental, sobre todo por las ilustraciones de John Tenniel y más tarde los dibujos animados de Walt Disney.

Existen coleccionistas compulsivos de las infinitas ediciones del cuento en todos los idiomas y las primeras ediciones en inglés son buscadísimas e importante objeto de inversión.

Dodgson fue diácono de la iglesia de Inglaterra, recibió, e impartió después, clases de matemáticas en Oxford, Christ Church College. Fue uno de los precursores de la fotografía y todo hace pensar que numerosos traumas de juventud como su tartamudez, una timidez enfermiza o el fallecimiento inesperado de su madre, agitaran una mente compleja hasta hacerla capaz de crear la obra maestra que el libro es. Destacó por sus estudios sobre la lógica y las matemáticas.

Recientemente Kókinos ha editado una adaptación en libro desplegable realizada por Robert Sabuda que es también una obra de arte.

Calificación: Extraordinario.

Tipo de lector: Chicos y grandes. A quien menos suele gustar es a los adolescentes.

Tipo de lectura: Entretenida, divertida.

Argumento: Enloquecido.

Personajes: Muy divertidos todos menos la atónita Alicia.

¿Dónde puede leerse?: Tumbado en cualquier césped (y apoyado en un árbol).

¿Dónde encontrarlo?: Por todas partes en infinitas versiones.