Una habitación propia

Artículo escrito por: Nuria A. Quintero

De Virginia Woolf se han escrito muchas cosas. No sé si lo que de ella se dice es o no cierto, pero, sin lugar a dudas, es una escritora que revolucionó el papel de las mujeres en la literatura. Woolf perteneció al llamado Grupo de Bloomsbury (grupo integrado por una serie de intelectuales británicos -Leonard Wolf, Bertran Rusell, Vanessa Well, Katherine Mansfield, John Maynard Keynes- ) a principios del siglo XX. El nombre proviene del barrio en el que se encontraba la casa en la que residía Virginia Stephen y su esposo Leonard Woolf. Este barrio, situado alrededor del Museo Británico de Londres, todavía hoy guarda el carisma y la esencia de los barrios con historia propia. No duden en darse una vuelta por las cientos de librería que pueblan este distrito, si tiene la oportunidad.

Hasta la aparición de Virginia Woolf, el papel de las escritoras era totalmente secundario, posiblemente por el rol social que estaban obligadas a asumir. Las escritoras que encontramos hasta ese momento y que destacaban, son Emily Bronte, Jane Austen o Fanny Burney.  Las novelas de estas autoras despiden, todas, un cierto aroma a escritura de, por y para mujeres. Lo cual, entiendo, nos aleja muy mucho de la verdadera literatura.

Con Virginia Woolf, el panorama cambió. Una habitación propia es un ensayo elaborado a partir del discurso que la autora escribió cuando se le solicitó preparar una conferencia que versara sobre las mujeres y la literatura. Estas dos conferencias se pronunciaron antes la Sociedad Literaria de Newham y la Odtaa de Girton.

En este ensayo, una de las cuestiones fundamentales que Woolf  destaca es, que sin independencia económica, sin un espacio propio, ni el más genio de los genios puede llegar a escribir una buena novela. Por eso, en el año 1928, cuando escribió su ensayo sobre la mujer y la literatura causó un verdadero revuelo. Woolf va desgranando, a lo largo de su escrito, la relación de las mujeres con la novela, así como el papel que tienen asignados en ellas, poniendo de manifiesto que la mayoría de novelas no contienen personajes femeninos que pudieran considerarse reales. En la literatura, hasta entonces, sólo cabían dos tipos de personajes femeninos, las mujeres las que eran buenas y virtuosas o las que eran pecaminosas y la encarnación de todo mal.

Destaca la práctica inexistencia de mujeres escritoras de un cierto nivel. Sin embargo, lo novedoso de esta crítica, no radica en poner de manifiesto lo que ya era evidente, sino en destacar la causa de esta situación que, no es otra, que la falta de una formación concreta sumada a la falta de independencia económica. Sin libertad de todo tipo (este añadido es mío), no cabe una buena novela.

Este y no otro es uno de los pilares de la libertad de las personas, no sólo en la época de Woolf, sino en la nuestra propia. De ahí que se hiciera famosa su reivindicación de “una habitación propia y quinientas libras esterlina”.

El discurso de Virginia Wolf se cierra con algo que a mi me parece fundamental (no sólo en cuestiones literarias, sino como manera de afrontar una vida nueva en libertad), invitando a las mujeres de principios del siglo XX a seguir escribiendo todo tipo de libros, aunque no fueran unas escritoras brillantes, pues sólo asentando las bases de una buena cultura y practica literaria, en el futuro, podrían conseguirse grandes escritoras.

La libertad nunca antes había sido reflejada en una habitación a la que pudiéramos cerrarle las puertas.

Calificación: Excelente.

Tipo de lectura: Precisa e intensa.

Tipo de lector: Escritores en ciernes.

¿Dónde leerse? En las escalinatas del Museo Británico estaría bien, pero nos vale el Museo del Prado, la Fundación Miró o cualquier espacio donde se respire cultura y lo tenga ud. a mano.

¿Dónde encontrarlo? En su librería habitual.


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