El Aleph

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Borges es el gran maestro de la literatura inteligente, matemática, metafísica. La mente más destacada y más compleja. El Señor de los libros.

Para el que escribe esto, Borges es dios.

Esta colección de cuentos puede considerarse una muestra significativa de su talento ingenioso y diabólico.

Borges está por encima de todos, juega con nosotros. Es posible entender su mundo particular pero siempre sabemos que existe un nivel superior que solamente arañamos y eso está muy bien porque agita partes de nuestro cerebro diferentes a las habituales.

Nos asombra.

Lo que atisbó Borges en El Aleph es una visión que solo se puede comparar con las de Juan y Ezequiel y la cita de esta visión que quiero evitar, obra maestra de la enumeración del mundo y de cada una de sus cosas. La llave de ese mundo y el nombre de Dios los encuentra Tzicanán, mago de la pirámide de Qaholom, que Pedro de Alvarado incendió y nos aterra con su revelación en La escritura del dios. Porque Borges prolonga las investigaciones de los cabalistas, que buscaron la creación en los signos y la palabra. La Casa de Asterión nos hace ver el reverso de un mito universal y Los Teólogos es una concatenación asombrosa de citas y prodigios. El Zahir, la historia de una moneda que es el destino. Son diecisiete relatos.

Borges no obtuvo el más importante galardón literario por razones olvidadas y olvidables. Al fin y al cabo Alfred Nobel amasó su fortuna sobre las guerras y el mal e instituyó ese premio por un terrible complejo de culpa. Posiblemente Nobel no merecía a Jorge Luis Borges.

El maestro está por encima de las demás veleidades literarias.

Reveló hechos que desbordan la historia y cambian el pasado. Mintió. En El Aleph, el autor juega una partida de ajedrez en la que los lectores somos las piezas y las cosas del mundo los escaques.

¿Contra quién juega Borges?

Calificación: Obra maestra

Tipo de lector: Cualquiera dispuesto a devanarse los sesos. Algunas citas pueden requerir prolijas investigaciones. Nadie ha dicho que fuera fácil

Tipo de lectura: Hipnótica.

Argumento: Estremecedores.

Personajes: Prodigiosos.

¿Dónde puede leerse?: Sentado sobre su tumba, en Ginebra (’And ne forhtedon na’).

¿Dónde encontrarlo?: En todas partes.


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