Azul Petróleo

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Además de dar la nota, montar numeritos, hacerse millonario con ello y vivir la mar de bien, Boris Izaguirre escribe novelas. Horribles novelas. Relatos que bien podrían haber sido escritos por cualquier aspirante a mal escritor, pero que ni aparece en la televisión ni es famoso por hacer gala de una condición sexual u otra.

El lenguaje ramplón, la construcción de la trama desde territorios ya sabidos y que no aportan nada, unos personajes muy mal configurados y unos diálogos que el que escribe (yo) recibe como un insulto a la inteligencia; todo eso, es lo que encuentra el lector al abrir la novela de Izaguirre. A cambio, encuentra una paz interior y una tranquilidad espiritual que no puede describirse al cerrarla y saber que nunca más tendrá que aguantarla sobre las manos.

Me he aburrido desde la primera página. Y, por supuesto, he terminado de leer este bodrio con pocas ganas. Muy poquitas.

Mezcla, el autor, sexo, política y autobiografía. Sale del intento una plasta amorfa que nadie en su sano juicio debería publicar al poner en peligro su prestigio como editor.

En fin, que no estoy yo para perder el tiempo. Primera y última novela que se me ocurre leer de este señor tan, tan… Y yo qué sé.

Calificación: Insultante.

Tipo de lector: Kamikazes.

Tipo de lectura: Aburrida.

Argumento: Uno que busca la verdad y no encuentra nada de nada. Como el lector.

Personajes: No había visto una cosa igual desde Espido Freire.

¿Dónde puede leerse?: No se me ocurre ni un solo lugar en el mundo.

¿Dónde puede encontrarse?: A mí me sobra un ejemplar. Lo regalo al primero que lo pida.


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