jun 13 2010

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha

Artículo escrito por: Carmen Neke

Hace unos días me vi envuelta  por enésima vez en la eterna discusión sobre la calidad literaria y si hay o no criterios fijos que la determinen. Y como siempre sucede, al final acabó saliendo a relucir el caso del Quijote: por qué aceptar sin más que es una obra maestra si me aburrí soberanamente leyéndolo, argumentos de este calibre. Me aburre ya esta polémica, porque el Quijote es una obra maestra aunque al lector actual le resulte difícil y pesada su lectura.

Cervantes, como todo el mundo sabe, escribió el Quijote en clave de parodia de los libros de caballerías que tan de moda estaban por aquel entonces: es como si hoy día alguien escribiera una parodia de libros de Templarios o de detectives suecos. Lo que ocurre es que Cervantes era un gran escritor, de los de pura raza. Y para hacer su parodia creó a dos personajes, don Quijote y Sancho, que serían los precursores de todos los dúos dispares y unitarios a la vez que desde entonces han existido en la literatura, el cine y la televisión: desde Sherlok Holmes y el doctor Watson hasta el poli bueno y el poli malo de las películas americanas. Don Quijote y Sancho son unos personajes profundamente humanos y complejos, que Avellaneda intentó imitar sin éxito en su continuación apócrifa de la novela, y quienes en venganza regresarán en la segunda parte del Quijote para reivindicar su auténtico yo literario. Cervantes fue quien introdujo en la narrativa moderna el humor, el juego, los guiños al lector. Y también los diferentes planos de lectura, la separación entre autor y narrador, la metaliteratura, hasta se introdujo a sí mismo en su obra. Todo esto para acabar, al igual que don Quijote, teniendo que admitir que su empresa había fracasado: su obra fue tremendamente popular, pero los literatos la despreciaron por comercial y poco seria, por no ser Literatura con mayúsculas.

El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha es una novela total, inmensa, inconcebible. Su lenguaje y su forma han envejecido mal, el lector actual puede tener problemas con su lectura porque estamos acostumbrados a formas narrativas muy diferentes a las de entonces. Pero quien quiera hacer un esfuerzo y sumergirse en la lectura de este tocho, se adentrará en un viaje del que no volverá indemne. Porque los personajes siguen teniendo la misma fuerza humana que tenían hace 400 años, los sueños de los seres humanos no han cambiado nada desde entonces: todos queremos seguir soñando con un mundo en el que las Maritormes son hermosas doncellas, y donde Sancho Panza es capaz de llevar como goberador la justicia a la ínsula que se merece por derecho propio. Porque siempre vamos a admirar a aquellos que se atreven a ir por la vida con el yelmo de Mambrino sobre la cabeza.

Calificación: Fuera de categoría.

Tipo de lector: De los que ya no quedan.

Tipo de lectura: Exigente, monótona, fascinante, divertida.

Va enganchando y desenganchando a lo largo de la lectura, pero la necesidad de seguir leyendo crece a medida que avanza el libro.

Argumento: No piense que es una novela sobre un loco que se cree caballero andante, porque no lo es.

Personajes: Estupendos, estupendos de verdad todos ellos. Todo aspirante a escritor debería leer a Cervantes para aprender cómo caracterizar a sus personajes.

¿Dónde puede leerse?: Donde le dejen en paz y no le importunen con comentarios estúpidos acerca de su elección de lectura.


jun 13 2010

El Gran Gatsby

Artículo escrito por: Fernando Glez. Nohra

Acepto e incluso aplaudo de buena gana la crítica que en El gran Gatsby haces de la sociedad norteamericana en general y del llamado “sueño” americano en particular. Es más, es de resaltar; pero Scott, siendo sinceros, podrías haberte esforzado un poco más, ¿no crees?

Voy a intentar explicártelo repasando un por uno los puntos en los que el patín se te fue para un lado. Lo que sí, procura no exigirme demasiado puesto que tu novela salió igual que entró: así, sin pena ni gloria… lo que en cristiano -más, si cabe- significa que no lo recuerdo todo con exactitud y me da una pereza inmensa soplarme entera su lectura otra vez.

Es que no terminas de convencerme.

Y ya he tenido bastante.

Eso, más que nada, porque te pusiste muy retórico y con tanto adorno tu narrador llega a caer pesado. Está bien, lo admito, puede que lo bosquejaras como un tipo muy culto, pero todos los libros que Nick Carraway pudiera haberse comido en el transcurso de su vida no conseguirían nunca que el tipo pasara de ser un simple corredor de bolsa.

¿Me explico?

Quiero decir que ya está bueno de subestimar al lector, ¿no? Pongo en tu conocimiento, por si no te hubieras percatado, que no todos hemos nacido ayer.

Otro punto flaco es que debiste haber escogido una historia un poco más creíble, ya que viene a ser un tanto difícil tragarse todo lo que hay, escondido o no, alrededor de Gatsby. Aunque tal vez esa nebulosa no sea una falencia de la historia en sí sino de una posible incapacidad tuya para dárnosla con cucharita. Lo cual, por otro lado, parece ser tu intención.

Otro punto débil, y éste algo más acusado ya, es el de la (in)definición sexual de tus personajes. Claro, es posible que tu intención fuera dejar flotando la sexualidad tanto de Gatsby como de Nick, para de ese modo, quizás, enfatizar la sensación de ambigüedad y falta de compromiso -si acaso- que querías transmitir o denunciar respecto de la sociedad contra la que descargas tu artillería. Queda muy bonito y de una profundidad, digamos, excelsa, pero la sensación que aquello me dejó no fue la de ambigüedad de la sociedad norteamericana sino que aquí sí que patinaste feo.

Más, quiero decir.

Sin embargo para ser justo y objetivo en este aspecto es necesario que nos situemos: efectivamente, puede que quisieras retratar a este tipo, Gatsby, en su intento desmedido de ascender socialmente y lograr sus objetivos y que para ello intentase valerse realmente de todo lo que tienía a mano, o no estrictamente en su mano. De haberlo logrado, habría resultado una jugada maestra. Pero no, te quedaste corto. Patinaste, y así van varias ya. Ahora, también es posible que esto se debiera a que en tu tiempo seguramente no hubiese mucho material humano en el que pudieras basarte para crear a tu personaje, que no tuvieras un referente claro con el que delinear a Gatsby. Lo que es verdaderamente curioso es que suceda exactamente lo mismo con Carraway…

Que te tambalearas una vez en el tema, bueno, puede entenderse, pero, ¿en dos, y hasta en tres oportunidades?

¿Hay algo que nos estés ocultando, Scott?

En cuanto al final… ¿De verdad creíste que estabas moviendo tus fichas de manera efectiva? Efectiva puede que sí, pero no verídica, pues tanta filigrana y coincidencia le restan credibilidad a los hechos y emparentan tu novela con los culebrones televisivos mexicanos o venezolanos. Por ejemplo, que conduzca Daisy y no Gatsby… no sé, lo mastico pero no lo paso, porque si no de seguro que me atraganto.

Es por ello y por todo lo que no recuerdo que me permito preguntar: ¿Qué te pasó, Scott?

(Otra opinión en este enlace)