Guía del autoestopista galáctico

Artículo escrito por: Carmen Neke

La historia de esta trilogía de cinco ejemplares empieza el día que Arthur Dent, un apacible ciudadano británico, se levanta para descubrir que van a echar abajo su casa para construir un nuevo acceso a la autopista. Sin tiempo siquiera para cambiar el albornoz que lleva puesto por ropa de calle, sale a protestar y tiene la suerte de encontrarse con su vecino, Ford Prefect, quien consigue parar una nave espacial que pasaba cerca de la Tierra, subir a ella, y huir. Justo después el planeta será destruido por los trabajadores espaciales que necesitan hacer sitio para construir una nueva circunvalación de la autopista galáctica. Este escape sale bien gracias a que Ford Prefect siempre lleva consigo “El Libro”, es decir la Guía del autoestopista galáctico, una obra colosal que ofrece soluciones a todo tipo de problemas con los que se puede enfrentar el viajero interplanetario y que tiene como lema principal: “Don’t Panic” (que no cunda el pánico).

A partir de este momento y durante los cinco libros, Arthur y Ford viajarán a lo largo y ancho del espacio, conociendo planetas, robots, costumbres, naves espaciales y alienígenas de todo tipo. Esto le servirá al autor Douglas Adams para desplegar toda su carga irónica, haciendo agudas parodias en clave de ciencia ficción sobre situaciones, personas y objetos de nuestro mundo real. La Guía, por ejemplo, presenta parecidos muy sospechosos con el Lonely Planet, y sus usuarios suelen ser viajeros que buscan la autenticidad a toda costa, incluso a costa de la propia población local. Pero mi favorito absoluto es el personaje de Melvin el Androide Paranoide, un robot que por un fallo en su programación sufre de constantes depresiones y cree que todo el mundo está en contra de él. Sun conversación basta para llevar al suicidio a los incautos que no escapan a tiempo de su compañía, ya sean humanos, robots o simples ordenadores:

Ford se quedó a examinar la nave de Blagulon. Al acercarse, casi tropezó con un cuerpo de acero que yacía inerte en el polvo frío.
- ¡Marvin! -exclamó-. ¿Qué estás haciendo?
- No te sientas obligado a reparar en mí, por favor -se oyó una voz monótona y apagada.
- Pero ¿cómo estás, hombre de metal? -inquirió Ford.
- Muy deprimido.
- ¿Qué te pasa?
- No lo sé -dijo Marvin-. Es algo nuevo para mí.
- Pero ¿por qué estás tumbado de bruces en el polvo? -le preguntó Ford, tiritando y poniéndose en cuclillas junto a él.
- Es una manera muy eficaz de sentirse desgraciado -dijo Marvin-. No finjas que quieres charlar conmigo, sé que me odias.
- No, no te odio.
- Sí, me odias, como todo el mundo. Eso forma parte de la configuración del Universo. Sólo tengo que hablar con alguien y enseguida empieza a odiarme. Hasta los robots me odian. Si te limitas a ignorarme, creo que me marcharé.
Se puso en pie de un salto y miró resueltamente en dirección contraria.
- Esa nave me odiaba – dijo en tono desdeñoso, señalando a la nave de la policía.
- ¿Esa nave? -dijo Ford, súbitamente alborotado-. ¿Qué le ha pasado? ¿Lo sabes?
- Me odiaba porque le hablé.
- ¡Que le hablaste! -exclamó Ford-. ¿Qué quieres decir con eso de que le hablaste?
- Algo muy simple. Me aburría mucho y me sentía muy deprimido, así que me acerqué y me conecté a la toma externa del ordenador. Hablé un buen rato con él y le expliqué mi opinión sobre el Universo -dijo Marvin.
- ¿Y qué pasó? -insistió Ford.
- Se suicidó -dijo Marvin, echando a andar con aire majestuoso hacia el Corazón de Oro.

Calificación: Muy divertido.

Tipo de lector: Capaz de reírse de sí mismo y que no le haga ascos a la ciencia-ficción.

Tipo de lectura: Ligera.

Engancha desde la primera línea.

Le sobran páginas a veces, el autor tiende a recrearse demasiado en sus propios chistes.

Argumento: No lo hay, realmente, lo que pasa por argumento es una simple excusa para encadenar escenas.

Personajes: Una galeria de tipos excéntricos que a veces son muy pero que muy reconocibles, aunque tengan dos cabezas, antenas o sean de color verde.

¿Dónde puede leerse? Viajando con la mochila por esos mundos de Dios.


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