La Casa de Bernarda Alba

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

El teatro de Federico García Lorca tiene algo que le falta a cualquier otro. Es algo que pasa desapercibido para casi todos, pero que está. Si el autor teatral escribe sabiendo que eso lo dirán otros (los actores), Lorca lo hace teniéndolo en cuenta, pero, al mismo tiempo, sabiendo que el lector hará lo propio. Dicho de otra forma, la carga expresiva del teatro de Lorca es de tal envergadura que el lector puede ver con claridad lo que está sucediendo sin necesidad de una puesta en escena. Sea cual sea. Puede adelantarse a la acción porque, como en la grandes sinfonías, todo va apareciendo para configurar una escena que va mucho más allá de lo que se ve. Esto no es lo mismo que ser previsible (eso es el horror). Esto lo que significa es que las cosas son como son por no caber otra posibilidad. Algo muy difícil de conseguir. A veces es el director de la obra el que aclara de una forma u otra el sentido de la obra, otras son los actores los que logran aportar luz a lo escrito. Con Lorca eso es imposible porque las palabras están en su lugar, justo donde deben estar.

Martirio (una de las hijas de Bernarda Alba) dice “Todo es una terrible repetición. Las mujeres están condenadas por siempre jamás”. Ese es el nudo que trata de deshacer Lorca en La Casa de Bernarda Alba. La obra habla de la mujer en el mundo, de lo que tendrá que padecer, de las relaciones entre ellas, de las que tendrán con los hombres. Y todo esto desde la mirada del odio. Esa es la terrible repetición a la que están condenadas. “Nacer mujer es el mayor castigo”, dice Amelia. “El hombre. a los quince días de boda, deja la cama por la mesa y luego la mesa por la tabernilla, y la que no se conforma se pudre llorando en un rincón”, dice Poncia la criada. Pero antes (este mismo personaje) ya adelantaba que ellas (las mujeres) tienen “cuatro manos y un hoyo en la tierra de la verdad”. El odio encarnado en Bernarda trata de impedir que ese hoyo exista (ella cree que no existe), encerrado en su casa con sus hijas, repitiendo una vida atroz que ella ha preparado y es la que ya ha vivido en sus propias carnes.

En el segundo acto, cuando aún no sabemos qué está pasando exactamente, una intervención, un movimiento de uno de los personajes, una pregunta, nos aclara la situación, nos marca el camino. La obra se lee desde eso, desde lo implícito del texto. Es tan importante lo que no se dice como lo que sí queda dicho. Esa es la grandeza del teatro de Lorca. Su lirismo, su potencia expresiva, su hondura.

Como anécdota diré que esta es la primera obra de teatro que leí siendo muy jovencito. Castigado a pasar los recreos en la biblioteca del colegio (¡menudo castigo!), sin saber porqué, agarré de la estantería el tomo de obras completas de Lorca. Abrí el libro buscando el índice. Y por azar me encontré con esta obra maestra de la dramaturgia. Cada día, cada recreo (ya sin estar castigado) fui leyendo obras, poemas, artículos. Y me hice escritor. Me encontré con un papel en blanco sobre la mesa, sintiendo que era necesario escribir, sin saber qué ni porqué.

No dejen de leer esta obra. Su forma de entender las cosas se verá modificada. El mundo será otro. Seguro.

Calificación: Obra maestra indiscutible.

Tipo de lector: Cualquiera aunque si cree que la vida es de color rosado y no quiere cambiar, ni lo intente.

Tipo de lectura: Fácil y muy amable. Deliciosa.

Argumento: Fácil de seguir.

Personajes: Impecables.

¿Dónde puede leerse?: En cualquier parte. Pero es una lectura que no pasa de hora y media por lo que, si puede ser, mejor tranquilo.


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