jun 6 2010

Orlando

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Virginia Wolf es una de las mujeres más importantes de la historia de la literatura. En el momento en que los artistas descubrieron el subconsciente e intentaron apresarlo, el mundo cambió. Virginia fue una de ellos y esa investigación, que dio a luz obras asombrosas por la descripción de los sentimientos, le costó a la escritora la angustia, la locura y la muerte.

Orlando es una fábula histórica en la que por vez primera, la literatura -descartados los mitos griegos- nos enfrenta a una persona que no es hombre ni mujer porque es ambas cosas.

A lo largo de una vida que se prolonga más allá de los límites de lo razonable, Orlando analiza su interior cambiante en una parábola conmovedora.

Esa vida eterna se desarrolla paralela a un litigio que dura siglos. Es una crítica a la sociedad de su época. En ese tiempo interminable, Orlando habla sobre el transcurrir de las eras y reflexiona sobre la historia pero por encima de todo es un canto a la emancipación de la mujer y a la libertad individual. Una investigación sobre el género y la identidad sexual.

La narración recorre lujosos marcos históricos: la embajada del Zar de Rusia recibida en Londres sobre el Támesis helado, la corte literaria de la Reina Virgen o Constantinopla sometida el sultanato.

Dicen que Virginia encubrió bajo el nombre de Orlando una biografía novelada de su amiga Vita Sackville-West. Se publicó en 1928. El grupo de Bloomsbury del que la autora formó parte ha pasado a los anales de la literatura por la renovación que impulsó.

A los lectores en castellano, Borges nos hizo la dádiva de una traducción única que conviene buscar.

Orlando es una novela honda y hermosa.

Calificación: Obra maestra indiscutible.

Tipo de lector: Aficionados a la historia y los mundos interiores.

Tipo de lectura: No excesivamente complicada, levemente onírica.

Argumento: Vertiginoso

Personajes: Orlando es dual y excepcional

¿Dónde puede leerse?: En cualquier parte.

¿Dónde encontrarlo?: En tu librería habitual. Tienes el deber de ayudarles a continuar.


jun 6 2010

Los hombres que no amaban a las mujeres

Artículo escrito por: Carmen Neke

 ”Kalle Blomkvist es un niño muy inteligente y habilidoso para resolver los casos más dificiles.” Con esta frase empieza la sinopsis de “Superdetective Blomkvist”, libro infantil de la escritora sueca Astrid Lindgren. Y Mikael Blomkvist es el nombre del periodista de investigación que protagoniza Los hombres que no amaban a las mujeres de Stieg Larsson. Lo que hace que sus compañeros de prensa le llamen, irónicamente, “Kalle”, algo que no le gusta nada de nada. El chiste continuará cuando Mikael conozca a Lisbeth Salander, una especie de Pipi Calzaslargas postmoderna y afterpunk. Pero a diferencia de Mikael, que como protagonista carece de la personalidad y el magnetismo necesarios para desempeñar bien ese papel, la Salander es una de las figuras femeninas más intrigantes e inquietantes de la novela contemporánea. Cuando la intriga y la inquietud se disuelvan en las dos siguientes entregas de la trilogía, igualmente se disolverá el interés de las novelas y se convertirán en unos thrillers del montón.

Pero la primera novela de la trilogía Millennium es una lectura absolutamente compulsiva, de lo mejorcito del género que me he leído últimamente. Y se agradece que no salga ni un templario, ni el Santo Grial, ni la Sábana Santa, ni nada por el estilo. La trama es inteligente, prosaica y bien actual, por desgracia la intriga detectivesca y el desenlace no están a la misma altura. En todo caso, una lectura muy recomendable para pasar un buen rato.

Calificación: Muy entretenido.

Tipo de lector: Amante de la novela negra más que de la novela policíaca.

Tipo de lectura: Fácil y accesible.

Engancha desde el principio.

Alguna página que otra le sobra, sobre todo al final.

¿Dónde puede leerse? Lectura playera o piscinera, se puede leer con un ojo mientras con el otro se vigila a la prole.


jun 6 2010

Un jardín de placeres terrenales

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

En la estela de lo mejor de Flannery O’Connor está el espíritu de esta novela norteamericana, donde el sueño americano visto desde las profundidades de los campamentos rurales en que apenas se tiene qué llevarse a la boca o donde dormir, condicionan la vida de Clara Walpole, una mujer luchadora hija de padre alcohólico y asesino y madre consentidora, cuyas inquietudes nos son contadas desde una simpatía de la autora por un tipo de vida difícil que le enseñó a forjarse a sí misma, a construir una mirada que tampoco es complaciente, y donde se consigue amar a un padre, a pesar de que éste está a punto de matarla, simplemente porque lo quiere. A poco que uno imagine donde está situada la acción, puede imaginar un paisaje y paisanaje sureños, donde es primordial, la manera paletizada de hablar, así como una imagen machista de la mujer como procreadora, sin apenas más que decir.

Carleton trabaja en la compra-venta de chatarra y ya antes de nacer Clara, sufre un accidente en la nariz tras ser atropellado por un coche y estar a punto de no contarlo. Su esposa ha apostado por amarle de un modo incondicional, pero él es incapaz de obtener resultados, rebajándose cada vez más a su nivel de incompetencia. Carleton se sumerge en el alcohol como anestésico, pero éste le hace regurgitar su lado más violento. Antes de que esto ocurra, su mujer parirá a Clara, lo que para él supondrá una promesa, sin llegar a ser consciente que simplemente es otra boca más que alimentar; la complicidad entre ambos, sólo se deja de explicar cuando Carleton descubre a su hija con un chico, estando a punto de matarlo. A partir de aquí y en vez de posicionarse la acción desde el tópico reproche de la hija, el narrador ve las alucinaciones de un padre que mira a su hija en el altar, no atreviéndose a matarla, pero montando tal numerito en la iglesia, que le cuesta la vida ante tamaña insubordinación a la autoridad.

Calificación: Irregular. Quizás demasiado larga.

Tipo de lector: Si en las primeras 150 páginas le engancha, siga leyendo, si no, olvídela.

Tipo de lectura: Interesante, a veces densa.

Argumento: Vida de Clara Walpole, que podría ser algo así como un vientre lleno de dificultades, desde que nace hasta que muere. Muy decimonónica.

Personajes: Los principales bien definidos, el resto rocambolescos

¿Dónde puede leerse? Cerca de una granja en Arizona.


jun 6 2010

La Casa de Bernarda Alba

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

El teatro de Federico García Lorca tiene algo que le falta a cualquier otro. Es algo que pasa desapercibido para casi todos, pero que está. Si el autor teatral escribe sabiendo que eso lo dirán otros (los actores), Lorca lo hace teniéndolo en cuenta, pero, al mismo tiempo, sabiendo que el lector hará lo propio. Dicho de otra forma, la carga expresiva del teatro de Lorca es de tal envergadura que el lector puede ver con claridad lo que está sucediendo sin necesidad de una puesta en escena. Sea cual sea. Puede adelantarse a la acción porque, como en la grandes sinfonías, todo va apareciendo para configurar una escena que va mucho más allá de lo que se ve. Esto no es lo mismo que ser previsible (eso es el horror). Esto lo que significa es que las cosas son como son por no caber otra posibilidad. Algo muy difícil de conseguir. A veces es el director de la obra el que aclara de una forma u otra el sentido de la obra, otras son los actores los que logran aportar luz a lo escrito. Con Lorca eso es imposible porque las palabras están en su lugar, justo donde deben estar.

Martirio (una de las hijas de Bernarda Alba) dice “Todo es una terrible repetición. Las mujeres están condenadas por siempre jamás”. Ese es el nudo que trata de deshacer Lorca en La Casa de Bernarda Alba. La obra habla de la mujer en el mundo, de lo que tendrá que padecer, de las relaciones entre ellas, de las que tendrán con los hombres. Y todo esto desde la mirada del odio. Esa es la terrible repetición a la que están condenadas. “Nacer mujer es el mayor castigo”, dice Amelia. “El hombre. a los quince días de boda, deja la cama por la mesa y luego la mesa por la tabernilla, y la que no se conforma se pudre llorando en un rincón”, dice Poncia la criada. Pero antes (este mismo personaje) ya adelantaba que ellas (las mujeres) tienen “cuatro manos y un hoyo en la tierra de la verdad”. El odio encarnado en Bernarda trata de impedir que ese hoyo exista (ella cree que no existe), encerrado en su casa con sus hijas, repitiendo una vida atroz que ella ha preparado y es la que ya ha vivido en sus propias carnes.

En el segundo acto, cuando aún no sabemos qué está pasando exactamente, una intervención, un movimiento de uno de los personajes, una pregunta, nos aclara la situación, nos marca el camino. La obra se lee desde eso, desde lo implícito del texto. Es tan importante lo que no se dice como lo que sí queda dicho. Esa es la grandeza del teatro de Lorca. Su lirismo, su potencia expresiva, su hondura.

Como anécdota diré que esta es la primera obra de teatro que leí siendo muy jovencito. Castigado a pasar los recreos en la biblioteca del colegio (¡menudo castigo!), sin saber porqué, agarré de la estantería el tomo de obras completas de Lorca. Abrí el libro buscando el índice. Y por azar me encontré con esta obra maestra de la dramaturgia. Cada día, cada recreo (ya sin estar castigado) fui leyendo obras, poemas, artículos. Y me hice escritor. Me encontré con un papel en blanco sobre la mesa, sintiendo que era necesario escribir, sin saber qué ni porqué.

No dejen de leer esta obra. Su forma de entender las cosas se verá modificada. El mundo será otro. Seguro.

Calificación: Obra maestra indiscutible.

Tipo de lector: Cualquiera aunque si cree que la vida es de color rosado y no quiere cambiar, ni lo intente.

Tipo de lectura: Fácil y muy amable. Deliciosa.

Argumento: Fácil de seguir.

Personajes: Impecables.

¿Dónde puede leerse?: En cualquier parte. Pero es una lectura que no pasa de hora y media por lo que, si puede ser, mejor tranquilo.