may 29 2010

Donde el corazón te lleve

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Donde el corazón te lleve o Cómo hacerse millonaria y famosa escribiendo un pestiño de aquí te espero. Esa es la novela de Susanna Tamaro. ¿He dicho novela? Un fallo lo tiene cualquiera.

Muchos de mis alumnos (y son muy malos escribiendo aunque al lado de esta mujer podríamos decir que son los Masters del Universo) lograrían mejores resultados con la idea que maneja Tamaro. Una abuela le cuenta sus cositas a la nieta que vive lejos. Con cartitas horteras, aburridas, lacrimógenas y llenas de una ternura prefabricada a base de ingredientes como el cariño, el gran amor de las abuelas, un mundo maravilloso y palabras bonitas. Olvida la señora Tamaro que la literatura es otra cosa. Es ese territorio en el que se construye un mundo de ficción para intentar enmendar o explicar el mundo real. Tamaro hace justo lo contrario. Intenta pinar el universo de color rosa pálido, lo envuelve en algodón de azúcar, lo llena de niñas y amor (eso no falla para gustar a unos cuantos) y luego nos cuenta que eso es literatura. En fin, son cosas que pasan.

El lenguaje que utiliza es ramplón. Eso no sería nada malo si estuviera justificado con la intención de una voz narrativa (la que aparece en el relato es lo peor que he leído en años, a la altura de Espido Freire o Lucía Etxebarria). La historia es simple y aburrida. Los personajes podrían ser cualquiera de nosotros (y nosotros no formamos parte de mundo de ficción). Podría seguir, pero me aburre hablar de estas cosas.

Era por avisar. Sólo.

Calificación: El horror.

Tipo de lector: Pues no sabría decir sin faltar el respeto a unos cuantos.

Tipo de lectura: Mejor planchar. Con eso digo todo.

Engancha justo en la última línea. Justo en el punto final.

En este libro sobra todo. Qué pena de árboles.

Argumento: Una memez.

Personajes: Pero si no hay…

¿Dónde puede leerse? No lo hagan. En serio.


La UnionNegrita


may 29 2010

La soledad de los números primos

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Intensa y plagada de metáforas, la novela escrita  por Paolo Giordano (italiano,26 años, licenciado en Física Teórica) es un intento cientifista de sistematización en el lenguaje que queda bastante mejor resuelto que, por ejemplo, en el caso de  “Nocilla dream”. Lejos, pues, de querer epatar con la sabiduría propia y ajena, Giordano sabe utilizar el concepto de números primos gemelos, que no llegan a tocarse, o del principio de Arquímedes, siempre al servicio de la historia, para mostrar una inquietud real sobre el mundo interior de sus personajes, seres solitarios y de infancia y vida difíciles, que demuestran ser insólitos por las pragmáticas que aplican a su cotidianidad, algunas realmente extrañas, pero fácilmente traducibles a un lenguaje icónico o gráfico.

El libro comienza ya deslavazado, narrando la historia de una niña que vive aprisionada entre la mentalidad de unos padres, que quieren que haga muchas actividades extraescolares con propósito de convertirla en niña prodigio.

A continuación, se nos cuenta la vida de Mattia y Michela, dos hermanos gemelos sobreprotegidos por sus padres que caminan por un parque; él es un tipo muy inteligente y pedante a la par que hipersensible; ella es una niña que desconoce los peligros de la calle no por inconsciente, sino debido a un retraso mental. Mattia sueña con eliminar el lastre que supone que los demás los juzguen igual, dejando a la niña abandonada en un parque cuando los dos iban de camino a casa. Del resultado de esta acción, Mattia sufrirá tanto remordimiento que desarrollará una suerte de autismo.

Clasificación: Original, diferente.

Tipo de lector: No sólo los que acudan a la estantería de más vendidos, sino aquellos que se sientan raros, edición limitada.

Tipo de lectura: Sencilla, se entra bien en el juego. No sobran páginas

Argumento: Infancia y vida de un niño que tras una travesura, recibe su propia medicina. El tema probablemente estribe en torno a lo sobrevalorado de la inteligencia como facultad para resolver los problemas.

Personajes: Extraños, problemáticos.

¿Dónde puede leerse? En el patio de un colegio de niños de educación especial.


Monica Molina y Odette BrindisNo te pido


may 29 2010

La ouija

Artículo escrito por: Fernando Glez. Nohra

Por muy pequeño que sea un hombre, siempre descubrirá que puede serlo más.

Entrevista a Charles Bukowski (*)

Quería tomar algo y fui al Antro Azul. No era que el sitio se llamara exactamente de esa manera; es más, que yo recuerde no tenía ningún nombre, pero era de verdad un antro a las justas iluminado por una pastosa y mortecina luz azul que se desparramaba por las paredes, oprimiéndole a uno el alma y tiñéndolo todo de color muerte. Así que normal, pues, el Antro Azul… Estar ahí sentado hacía que uno se sintiera desgraciado, desequilibrado o al borde de la locura, pero la cerveza era barata y no le añadían agua… aunque los bocaditos de queso no supieran a queso ni a nada semejante. Como siempre, el lugar parecía desolado, salvo por un viejo escandaloso situado al final de la barra que a gritos me conminó a que le comprara una cerveza. Estaba por decirle que se la comprara su vieja cuando en esa añeja y en apariencia bombardeada cara reconocí a Charles Bukowski, el viejo indecente. No tenía para pagar otra cerveza, pero aún así, ni huevón, le acerqué la mía y aproveché para pedirle una entrevista; el bueno de Hank me miró con ojos severos y pidió por ella 500 dólares.

F.G.: Lo siento, esto es lo único que puedo darte.

C.B.: Es una pena, por 500 dólares soy capaz de convertir a Burt Reynolds en lesbiana. Pero estoy aburrido, así que a ver si dejas de mirarme tanto y empiezas de una vez.

Es que tienes una cara especial , como si hubieses llegado al final de algo.

Yo creo más bien que es una cara parida a golpes, tuve granos como forúnculos. Además, en 1989 superé una tuberculosis.

Eres un tipo duro, siempre lo has sido.

Sí, soy el mito. El incorruptible, el único que no se ha vendido. Mis cartas se subastan en el Este por 200 dólares. Y yo no puedo comprarme una bolsa de pedos. ¿Qué dices de eso?

Que no me sorprende. Bueno, para comenzar, hay gente que encuentra en tu literatura cierto parecido con la de Hemingway. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

Que están equivocados: el tipo sabía escribir, pero no sabía reírse.

Ya que descartamos a Hemingway, ¿cuáles consideras que fueron tus influencias?

Al principio, Céline y Knut Hamsun… hasta que conocí a John Fante, el único al que he podido besarle el culo. Luego me gustó Camus, pero cuando empezó a hacer discursos en las academias, murió su fuerza de escritor. No fue un accidente de automóvil lo que lo mató, no. Por eso ahora mi principal influencia soy yo mismo.

Entre tus libros de cuentos, novelas y poemas, se ve que tuviste una producción dilatada. ¿Qué es lo que quisiste decir con tu obra, qué buscabas con ella?

Nada, mi obra no tiene un significado especial que yo sepa. Yo no buscaba justicia ni lógica. Nunca lo he hecho. Quizás por eso nunca escribí cosas de protesta social. Para mí, la estructura entera carecería siempre de sentido, al margen de lo que hicieran con ella. Realmente no puedes sacar nada bueno de algo que no está ahí.

¿Qué piensas entonces que es lo más importante que ha dejado tu escritura?

He recibido muchas cartas de gente que afirma que mi escritura le ha salvado el pellejo. Pero yo no la escribí para eso, la escribí para salvar mi propio pellejo. Eso es lo primero que debe hacer la escritura. Si lo hace, entonces será automáticamente jugosa, entretenida.

Leyéndote se puede sacar claramente en limpio de que disfrutabas escribiendo tu obra, que gozabas con ella. ¿Esto la hace buena?

Sólo existe un juez definitivo de la escritura, y es el escritor. Puedo asegurar que aunque el dolor no crea la escritura sino que la crea el escritor, cuanto más viejo es un escritor, mejor debería escribir; ha visto más, sufrido más, perdido más, está más cerca de la muerte. Esta última es la mayor ventaja.

Ya que tocamos el tema: el suicidio, tanto como el dolor y la muerte, ha sido siempre un tema recurrente en tus textos. ¿A qué obedece esta tendencia?

Hay algo en mí que no puedo controlar. No puedo cruzar un puente con el coche sin pensar en el suicidio. Nunca puedo contemplar un lago o un océano sin pensar en el suicidio. Bueno, tampoco le doy demasiadas vueltas. Pero se me aparece de repente en la cabeza: SUICIDIO. En cambio la muerte tenía muy poco significado para mí. Era la última broma de una serie de bromas pesadas.

Muchos de tus detractores se centran en el hecho de que redundaras tanto en el fracaso y en la temática del perdedor como figura y lev motiv de tu obra.

Es que el conocimiento es, si no se aplica, peor que la ignorancia. Yo no era un hombre que pensara, yo me movía por lo que sentía y mis sentimientos se dirigían a los lisiados, a los torturados, a los condenados y a los perdidos, no por compasión sino por camaradería, porque yo era uno de ellos, y también trabajé por sueldos de miseria mientras un pez gordo violaba vírgenes de catorce años en Beverly Hills. Como ellos, yo estaba perdido, confuso, era indecente, miserable, miedoso y cobarde; injusto, y amigable sólo a ráfagas, y aunque estuviera jodido, sabía que eso no me ayudaba, no me curaba, sólo reafirmaba mis sentimientos.

En consecuencia no te consideras un intelectual

En absoluto. Un intelectual es un hombre que dice una cosa simple de un modo complicado; un artista es un hombre que dice una cosa complicada de un modo simple. Yo me considero un artista. Aunque lo soy muy raras veces. La mayor parte del tiempo no soy nada.

Sólo un loco más, ¿no?

Puede que sí, a veces la locura se hace tan real que deja de serlo.

Por eso los bares, el hipódromo…

Ante la sola mención de estos lugares, Hank se sumió en el silencio, en lo que parecía ser el abismo insondable de su memoria. Con los ojos súbitamente anegados, encendió un cigarro y me confió:

Cada hombre está clavado en su cruz especial. Y el momento de buscar trabajo atravesaba con pedos y eructos mi loco horizonte. Iba a los hipódromos para intentar escapar de la fábrica, de la oficina de correos de los Estados Unidos. Iba allí buscando una oportunidad en la vida.

Después de que se te brindara, ¿has seguido siendo un asiduo a las carreras?

He intentado alejarme del hipódromo, pero me pongo muy nervioso y me deprimo, y esa noche no tengo savia que infundir a la máquina de escribir. La humanidad hiede, y supongo que sacar mi culo de aquí me obliga a mirar a la Humanidad. Es sencillamente demasiado, un continuo espectáculo de los horrores. Me aterroriza. Pero también soy, hasta ahora, una especie de estudioso. Un estudioso del infierno.

El infierno de la cotidianeidad, ¿cierto?

Levanté la vista esperando su respuesta, pero Bukowski ya no estaba. Se había largado, y sin siquiera despedirse o agradecerme por la cerveza. Me dirigí al tipo de detrás de la barra y le pregunté si acaso había visto qué dirección tomaba el viejo en su salida. Dijo que no, por supuesto, que estaba loco, que me había pasado todo el rato hablando solo. Cosa mala, la verdad, muy mala… sobre todo porque no recordaba haberme bebido esa cerveza…

(*) Textos de las respuestas tomados de El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco, Shakespeare nunca lo hizo, Se busca una mujer, La máquina de follar, Música de cañerías y Escritos de un viejo indecente.

Calificación: Excelente y divertido, aleccionador entre líneas.

Tipo de lector: Desprejuiciado.

Argumento: La vida, sin más.

Dónde leerlo: En la calle, en el transporte público, en la cola de la parada de un bus, en tu casa, en el baño…

Dónde comprarlo: En todos lados.


may 29 2010

El nombre de la rosa

Artículo escrito por: Augusto Prieto

El éxito universal de este libro se debe a que Umberto Eco, ensayista, sabio y semiólogo utiliza dos niveles de profundidad en el texto. Lo que se ha venido a llamar double coding.

El primero ha convocado la aprobación unánime del público que aplaude una novela con un argumento bien tramado, apasionante, descansado de leer. Una historia de crímenes misteriosos en una abadía medieval  apartada del mundo y que es el mundo en sí mismo. Una novela policiaca situada en un marco muy atractivo.

Por debajo de esa lectura, el escritor enhebra metatextos, alusiones literarias, ingeniosos narradores y narratarios y guiños a la historia de la filosofía. En ese sentido, El nombre de la Rosa participa de algunos de las características de la novela postmoderna. Esta segunda lectura fascina a los críticos y a los estudiosos.

Es amena y fácil de leer aún sin entender las alusiones, es un best seller y al mismo tiempo una novela culta.

Profundo conocedor de los códigos medievales, Eco se esfuerza en una recreación histórica sin precedentes en tanto que es entretenida y al mismo tiempo enciclopédica. Tremendamente visual.

La historia de El Nombre de la Rosa es la de un éxito clamoroso. Es popular y se vende masivamente. Gusta a todo el mundo. Se ha traducido a todos los idiomas. Todo ello es merecido, fruto de la conjunción de una imaginación fértil, una preparación minuciosa y un trabajo que intuimos extenuante. Con todo ello, Eco se ha convertido en uno de los autores más leídos de nuestro tiempo.

Calificación: Extraordinaria.

Tipo de lector: Cualquiera. Ideal para jóvenes y adolescentes.

Tipo de lectura: divertida, entretenida, amena.

Argumento: sutil e ingenioso.

Personajes: Simpáticos y muy vivos. Algunos son crueles y malvados.

¿Dónde puede leerse?: En cualquier sitio.

¿Dónde encontrarlo?: En cualquier librería.


Domenico ScarlattiSonata in Do maggiore, K.159