Árboles de Invierno

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

La vida de Silvia Plath fue un continuo jugar con su propia muerte. Terminó suicidándose. Protegió a sus hijos sellando la puerta de la habitación en la que dormían con toallas húmedas, abrió la espita del gas y dejó que su polo suicida se saliera con la suya. La relación con su marido (poeta) fue un desastre, la relación con su mundo (poesía) fue un desastre. Todo fue un enorme desbarajuste. Todo excepto lo que dejó escrito.

Durante algún tiempo, muchos se acercaron a los poemas de Plath con ese regusto que aporta saber que la autora fue una mujer machacada. En esto de la literatura el morbo existe como en cualquier otra parte. Pero, poco a poco, se fue descubriendo una poesía potente y honda. No negaré que después de leer con tranquilidad sus poemarios, uno siente ganas no de tirarse por la ventana, pero sí de lanzar un buen montón de mierda acumulada en la mochila.

Alguien capaz de decir El valor de la boca cerrada, ¡a pesar de la artillería! para referirse al dolor que provoca un silencio impuesto por obtener a cambio la tranquilidad, es capaz de decir cualquier cosa. Y de decirlo bien.

Me gusta poco reproducir poemas completos y no lo haré. Los libros sirven para esas cosas. Aquí, tan sólo, quiero recomendar la lectura de este Árboles de Invierno o de cualquier otro poemario de la autora. Eso sí, el que lo abra debe ser consciente de que el mundo se tornará gris, que el sufrimiento ajeno se pegará al propio, que los poemas de Plath se quedarán grabados a fuego en la memoria. Prueben a descubrir y a descubrirse leyendo cosas como estos versos:

la entera catarata de agua es un ojo

en cuyo remanso con lentitud

me inclino a contemplarme.

Calificación: Muy bueno.

Tipo de lector: Si tiene pensado suicidarse mejor lea un tebeo.

Tipo de lectura: Exigente aunque luminosa.

Tema: La vida es una mierda. Más o menos.

No sobra un verso.

¿Dónde puede leerse? Lejos de la botella de gas butano.


piano concerto no 26 in d minorMozart


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