La última noche en Twisted River

Artículo escrito por: Carmen Neke

El adjetivo que mejor califica La última noche en Twisted River, el último libro de John Irving, es: melancólico. El autor ha elegido situar su historia en seis fechas diferentes, y partiendo de la circunstancias personales de los personajes en el momento elegido se narra cuáles fueron los acontecimientos que los llevaron hasta allí, y cuáles son los planes, intenciones y sueños que tienen para el futuro. Cada año elegido es una encrucijada en la vida de estos personajes, un momento en el que el pasado ha dejado de existir y el futuro se presenta incierto y amenazador. La felicidad, que la hay, siempre se encuentra en un recuerdo borroso del pasado o en una dudosa esperanza para el futuro. Pero a pesar de todo la esperanza seguirá ahí hasta el final, la melancolía nunca dará paso a la desesperanza.

Esta manera de narrar confiere a la novela un realismo inigualable, que no se ve sino aumentado por la maestría absoluta de Irving en la caracterización de sus personajes. Y no solamente los protagonistas o los caracteres principales: John Irving es un demiurgo que tiene el poder de conceder la vida a todas sus criaturas, grandes y pequeñas. De esta manera, sus libros están poblados por una cantidad innumerable de seres inolvidables, personajes que apenas intervienen en los hechos pero que merecerían haber sido los protagonistas de su propia novela.

Alguien me preguntó hace años: ¿los libros de John Irving son literatura? Y no supe qué decir, a pesar de mi enorme admiración por este autor. Sus novelas solían dejar la carpintería interna bastante al aire, y buscaban demasiado el efectismo y el shock del lector. Pero La última noche en Twisted River presenta a un Irving maduro, calmado, capaz de jugar con el lector con referencias metaliterarias al alcance de todo el mundo, sin olvidarse de construir al mismo tiempo un gran relato. Este libro hace lo que la mejor literatura tiene que hacer: convencer al lector de que la historia que está leyendo le atañe personalmente.

Calificación: Inolvidable.

Tipo de lector: Si solamente piensa leerse un libro en toda su vida, léase éste.

Tipo de lectura: Compulsiva y conmovedora.

Engancha desde la primera línea, y no desengancha ni siquiera al final.

No le sobra ni una letra.

Argumento: La vida del cocinero Dominic y su hijo Danny a lo largo de cincuenta años.

Personajes: No son personajes, son seres humanos de carne y hueso atrapados en las páginas de un libro. Cuando termine la lectura serán sus amigos para el resto de su vida.

¿Dónde puede leerse?: Da igual, con esta lectura olvidará el mundo a su alrededor.


Nat King ColeI love you for sentimental reasons


4 Respuestas en “La última noche en Twisted River”

  • Orson ha escrito:

    Siento llevar la contraria a la corriente de opiniones que se han vertido aquí, pero no he conseguido engancharme a la historia en ningún momento. No me termino de creer lo que Irving me cuenta, ya que detecto demasiado efectismo y tendencia a agravar sin motivo las situaciones para conferirles más trascendencia de la que tienen, y cuando pienso que un autor cede conscientemente realidad para impresionar al lector, ineludiblemente hace que se me tambalee todo el aprecio por la novela.
    No me ha gustado que muchos de los momentos cruciales en la vida de los protagonistas los pase por encima y no se atreva a narrarlos cuando ocurren, sino después de ocurridos, formando ya parte del pasado de los personajes, cuando es más fácil hacer valoraciones. Hablo de la muerte de Rosie, que es anterior a que comience la historia, o lo que le ocurre al hijo de Danny, de lo cual nos enteramos tras el salto de una parte a otra del libro, o el final de Ketchum, que también se narra tiempo después. En cambio, el encuentro definitivo entre Carl y los Baciagalupo está narrado según ocurre, y el efecto es magnífico para la historia, te pone tenso, contienes la respiración.
    Hay situaciones en la novela que están magnificadas para hacerlas más dramáticas, y eso no me ha gustado. Cuando Pam la Seis Jarras llega a Toronto para contarle a Danny lo de Ketchum, a pesar de que el escritor sabe que es algo malo y está muy preocupado, acompaña a la mujer a su casa, sacan el perro a cagar, y de vuelta en la casa es cuando le cuenta la triste noticia. Eso resulta inverosímil, absurdo, y está escrito así para que cuando Pam hable todo parezca más sentido, más hondo. Igual que la última noche que pasan Dominic y su hijo, sin saber lo que el destino les depara en forma de Carl. Las últimas frases que se dedican antes de acostarse son una tomadura de pelo al lector, una manera de provocarle la lágrima fácil; la puta vida real casi nunca nos permite despedidas o frases premonitorias que cierren círculos, siempre nos quedamos a media frase, a media tarea, a medio respirar. Por no hablar de lo de la mano izquierda de Ketchum, que roza el ridículo, y que de repente toma una importancia vital al final del libro para volver a crear un ambiente trágico y profundo.
    Y finalmente, me ha terminado de desencantar por completo el último capítulo, en el que juega con transformar al protagonista-escritor de la historia de ficción en el narrador del libro que estamos leyendo, usando incluso las mismas frases y la misma estructura de capítulos, pensando en dar así un golpe de efecto que pusiera un broche de oro a la novela, y que a mí me ha parecido un ejercicio de narcisismo.
    Tampoco me parecen veraces las formas de actuar de algunos personajes, ya que Ketchum, la Seis Jarras o el vaquero Carl actúan con ochenta y pico años como si tuvieran cuarenta menos. Las personas en la vida real que yo conozco que son octogenarios, tiene multitud de problemas físicos severos, como falta de movilidad, achaques de todo tipo, enfermedades, falta de visión u oído, e incluso problemas de memoria y lucidez mental, todo lo contrario que los protagonistas, que con más de ochenta años se pegan unas palizas en automóvil, son vigorosos, y rigen mentalmente de forma perfecta. Por no hablar de que perteneciendo a la América rural, Ketchum (que al principio de la historia no sabe ni leer) y la Seis Jarras jamás dicen una palabra mal dicha, ni cometen una falta ortográfica.
    Lo siento de veras, soy un lector que se afana siempre en busca de que los libros le conmuevan, pero no a cambio de que los personajes actúen como protagonistas de una película en vez de cómo seres humanos. Se me ha quedado la misma sensación que con El rescate de Nicholas Sparks y Ojalá fuera cierto de Marc Levy, por citar libros que me parecieron falsos.
    No me ha parecido un libro honesto.

  • Carmen Neke ha escrito:

    Gracias por tu comentario tan sincero, Orson. Irving es un autor efectista y poco realista, si no te ha gustado esta novela te recomiendo que no vuelvas a leer nada suyo porque sus otros libros son iguales si no peores en lo que se refiere a lo inverosímil de las situaciones y su efectismo sobre el lector. Pero la gente como yo, que prefiere la coherencia interna en un relato a la verosimilitud y disfruta enormemente con una historia extrema y absurda bien contada, somos fans incondicionales del John Irving en buena forma, como aparece en esta última novela suya.

  • Martin ha escrito:

    Estoy de acuerdo contigo, Carmen, aunque esta obra se puede considerar una obra menor si la comparamos con al inconmensurable Garp.
    En cualquier caso, yo vengo aquí a quejarme de la traducción, que es pésima y que no me deja concentrarme en la historia. No revisan estos señores de Tusquets?

  • Orson ha escrito:

    Hola Carmen, gracias por contestarme, y espero que no me consideres un vinagrillo que intenta llevar la contraria a todos para hacerse notar. De hecho, me comentas que mejor no lea a Irving, pero el caso es que hace un par de años leí “La cuarta mano” y me gustó bastante, conecté con los personajes. Ya te digo, ha sido este libro en concreto, me dejó bastante frío. Seguramente culpa del lector, no del escritor. Acabo de terminar “Delicioso suicidio en grupo” de un escritor finlandés que no conocía, Arto Paasilinaa, y me lo he pasado bomba.
    Saludos a todos.

    Orson_