Flores de Plomo

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Novela de personajes, con los últimos días de Mariano José de Larra como trasfondo, escrita por un autor madrileño que investiga con sagacidad los rincones y callejones de la ciudad donde sucedieron los hechos, hay que decir que en este fresco histórico del Madrid del XIX, no sólo hay rigor aparente y veracidad, sino mezcla de ficción y realidad, de poesía e historia, con un uso del lenguaje que se nota curtido en las labores de traducción anteriores llevadas a cabo por el autor.

De esta forma, Flores de Plomo (Juan Eduardo Zúñiga) no sólo supone una novela o libro de cuentos esencial por lo que aquellos días supusieron, sino el interrogante paradójico de si la muerte del gran dramaturgo y cronista fue debida a un asesinato, hipótesis que dura gran parte del libro, o si realmente había razones más íntimas para que de un trabucazo, el liberal progresista afrancesado se pegara un tiro en la sien.

La novela comienza durante una elogiosa entrevista que realiza al rebelde Fígaro, Ramón Mesonero Romanos; vivimos tiempos de crisis y Larra no se muestra muy elocuente a la hora de hablar de sí mismo, prefiere que su obra lo haga por él; al salir de la casa de Ramón, éste queda preocupado por su carácter indomable y rebelde y a sabiendas de su ideología y excesiva lucidez, teme por su vida.

De otro lado, su novia Dolores y la amiga de ésta, María Manuela, prefieren antes de esperarle en sus casas, salir a la calle y convertir su peculiar martes de carnaval en una fiesta que sin él, es todo decadencia y donde sólo cabe refugiarse en una iglesia ante la algarabía de la muchedumbre.

Calificación:  Muy buena.

Tipo de lector: Aficionado tanto a la figura de Larra como a la historia de España. No quedará decepcionado.

Tipo de lectura:  Enriquecedora. No sobran páginas, anécdotas ni historias.

Argumento:  Retrato del XIX español a través de la misteriosa muerte de un gran personaje de la época.

Personajes: Bien perfilados, tratados con la maestría de un Valle-Inclán.

¿Dónde puede leerse? En cualquier cafetería del Madrid de los Austrias, subrayando y tomando apuntes.


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